Abro los ojos pero no veo
nada, tan sólo oscuridad. Intento moverme, pero mi cuerpo no me
responde. Intento gritar, pero el sonido queda ahogado en algún
resquicio de mi garganta. Tras comprobar que es inútil, trato de
recordar qué me ha llevado hasta allí. No lo consigo, pero a cambio
me llevo un fuerte dolor de cabeza. Noto las gotas de sangre
deslizarse por mi sien y mi mejilla, hasta terminar de perderse en
este vacío.