Una pequeña ciudad en Galicia, año 1874
Un joven estudiante llegó un día a una pequeña ciudad costera con motivo de las fiestas del Cristo, pero como no había hecho ninguna reserva de habitación y ya era tarde, la única solución que tenía era dormir a la intemperie. Después de barajar varias posibilidades, descartó el monte por los bandidos; la playa por el frío y las mareas; el pueblo por los gamberros… Llegando a la conclusión de que el lugar más seguro para dormir era el cementerio, donde lo peor que podía encontrar eran los propios muertos. El estudiante, como buen intelectual, se dijo: “¿Por qué temer a los muertos, si quienes realmente me pueden ocasionar problemas son los vivos?” Tras tomar esta decisión se dirigió al camposanto, que se alzaba sobre un peñasco junto al mar.