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sábado, 4 de octubre de 2014

El cielo del bibliópata

Ponte que entras por una puerta de una tienda vieja, cutre, de un barrio alejado del centro. De esos barrios en los que la gente va a tirar la basura en pijama y zapatillas, y donde no se colocan luces de navidad. La tienda huele a rancio y a humedad. A un lado tienes una bicicleta con las ruedas pinchadas, al otro un equipo de buceo. Un mostrador de cristal con videojuegos de los noventa y esa maquinita de tetris con pinta de game boy. Y tras el mostrador un hombre ya mayor que, acostumbrado a que la gente pase de largo de su tienda, te mira con sorpresa y nisiquiera responde a tu cordial "Buenas tardes".
Al fondo unas escaleras de madera más viejas que la propia tienda rechinan mientras las subes. Y ahí estás: EL CIELO.