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domingo, 1 de noviembre de 2015

Sobre monstruos II: la bruja malvada

Hoy voy a hablar de otro de los topicazos en malos dentro de la cultura popular: las brujas malvadas de escoba voladora y verruga en la nariz. A lo largo de la historia se han hecho famosas muchas mujeres debido a sus poderes, reales o fingidos, a las que acudía el pueblo en busca de curas para sus males... pero a las que se les pagaba con desprecio, ganándose un puesto entre los malos más tópicos de nuestra cultura popular. Según se va conociendo más sobre ellas ocurre algo a lo que llamo "El efecto Frankenstein": ¿Quiénes son realmente los monstruos?


Para ser justos, habría que hacer entre brujas y hechiceras. Algunos autores relacionan a las brujas con los ambientes rurales, mientras que a las hechiceras con las ciudades. A las primeras fue a las que se persiguió en la caza de brujas. Otros autores las diferencian por cómo han adquirido su poder: las brujas hacen un pacto con Satanás, las hechiceras simplemente se valen del poder oculto y demoníaco para sus hechizos. Si os fijáis, en la mayoría de idiomas existe esta dualidad de términos.
En la Edad Media empezó poco a poco la persecución de las brujas, empezando por cuantiosas multas y condenas de prisión. Pronto hizo acto de presencia la inquisición, y el resto es historia.
Para ampliar información: La guerra contra las brujas.
Parece ser que con las acusaciones de brujería pasó como en el caso de os vampiros: se hacía para que la mujer perdiese prestigio, y para tener algún motivo legítimo para poder quitarle sus posesiones.

Ejemplos de mujeres acusadas de brujería para quitarlas del medio fueron Juana de Arco, que tenía visiones místicas, y Ana Bolena, de la que el marido, Enrique VIII, se deshizo alegando a que tenía un sexto dedo y un tercer pecho.



Dentro de las brujas británicas destaca una mujer conocida como Madre Shipton, Ursula Southeil, que vivió en el s.XV y a la que se le atribuyen profecías sobre el fin del mundo, la llegada de los coches, etc., muchas de ellas demostradas falsas. Su nombre y su leyenda, aún así, se siguió utilizando, convirtiéndola en un mito hoy en día.

Si seguís la serie American Horror Story seguro que os sonará el nombre de Marie Laveau. Ella y su hija, llamada igual, vivieron en Nueva Orleans en el s.XIX, y practicaban de forma abierta el vudú. Se dice que sobre todo la hija era más teatral en sus prácticas, y permitía tener observadores. Su familia aún hoy practica dicha disciplina.



Por último, en Galicia (Cangas exactamente) tenemos el caso de María Soliño, acusada en el s.XVII por la inquisición de brujería. Su marido y su hermano murieron en un ataque de piratas turcos al pueblo, y ella heredó todas las posesiones de su marido, que incluían una casa grande, tierras y derechos de presentación, esto es, poderes en manos, normalmente, de los sucesores del fundador de una iglesia, con los que se podía elegir a su titular cuando quedara vacante teniendo además un porcentaje de las ganancias que la parroquia generase.
Tras la muerte de su marido y de su hermano, María solía pasear por la noche por la playa. Este hecho fue suficiente para poder acusarla como bruja. Ya en la cárcel se la acusó de entregar su alma al diablo y de poseer sus poderes, y ella, tras las torturas, confesó llevar practicando la brujería durante más de 20 años, afirmando también haber mantenido relaciones sexuales con Satanás.

Mucho se ha escrito sobre ella, es quizás la "bruja" más conocida de Galicia... al menos de las Rías Baixas.

Celso Emilio Ferreiro le dedicó un poema:


María Soliña

Polos camiños de Cangas a voz do vento xemía:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
Nos areales de Cangas, Muros de noite se erguían:
Ai, que soliña quedache, María Soliña.
As ondas do mar de Cangas acedos ecos traguían:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
As gaivotas sobre Cangas soños de medo tecían:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
Baixo os tellados de Cangas anda un terror de agua fría:
ai, que soliña quedache, María Soliña.

sábado, 17 de octubre de 2015

Sobre el terror

Era una noche tormentosa. El viento gritaba entre los árboles y la lluvia petaba insistentemente en la ventana. Tras la cena, todos reunidos cerca de la lumbre, se levantó el capitán de los bandidos y dijo:
— Pepe: tú, que has recorrido cada rincón del mundo, tú que tienes el cuerpo surcado de cicatrices como recuerdo de los horrores con los que te has topado, tú, cuéntanos una historia a la altura de esta siniestra noche.
Y Pepe, se levantó y dijo:
— Era una noche tormentosa...



Era una noche tormentosa. Esa es, quizá, una de las formas más clásicas de empezar a contar una historia de terror. Tormenta y fuego, una noche de invierno... 

Pregunta tonta: ¿Qué es el terror?
El terror es una de las sensaciones más primitivas que podemos sentir. Nos excita, nos pone en alerta, nos llama. No queremos experimentarlo y lo ansiamos a la vez. Seguramente, entre las primeras historias que se contaron, una de ellas fue de terror: una bestia desconocida que vivía en la espesura del bosque o las profundidades del mar, alguien que sufrió una muerte injusta y que vuelve al reino de los vivos en busca de venganza... ¿Os suena?
El terror es la ambientación, el cosquilleo, el conseguir vivir una historia y temer irracionalmente a las criaturas que la habitan. El terror son El Monte de las Ánimas, El corazón delator, Frankenstein. Son las leyendas, historias con siglos a sus espaldas, esas que te cuenta solemnemente algún anciano en el pueblo.
El terror no son los sustos, los sonidos altos y la música estridente. Puede conseguir una sensación parecida al terror: nos pone en alerta, pero falta algo. Falta su belleza, su historia. El entrelazar tan bien una serie de acontecimientos que aunque descontextualizados no digan nada, dentro de la historia lo sean todo. El ser capaz de hacer experimentar terror a otra persona es ser un experto contador de historias.
Terror es lo desconocido, lo que no somos capaces de explicar. Aún puede haber mucho terror en el mundo, porque... ¿Acaso conocemos con seguridad todo lo que nos rodea?



Seguramente todos tengamos alguna experiencia que pueda calificarse de sobrenatural... Y si me lo permitís, me gustaría compartir una con vosotros del puñado que he sufrido (cosas de vivir en una casa vieja).

Yo nunca conocí a mis abuelos, por desgracia, pero sí que tuve dos tías abuelas. Eran completamente distintas: una de ellas era muy buena y cariñosa, le encantaba estar conmigo y con mis hermanos. La otra era seca y gruñona, recuerdo tenerle un poco de miedo... Mi padre siempre dijo que se había relajado, que cuarenta años antes sí que daba miedo. Eran dos mujeres muy mayores, y llegó el momento en el que ya no podían valerse por sí mismas. Una de ellas vino a vivir con mi familia: ¿adivináis cual?
Mis padres adaptaron todo el piso de abajo para que pudiese vivir junto con su perrita y que conservase un poco de su independencia. Hicieron para ella una habitación, un baño y una galería para que pasase las horas muertas, y pusieron una cocina nueva para que no tuviese que subir las escaleras.
Pasaron los años, y nos acostumbramos a su presencia en la butaca, a un metro de la televisión, a sus gritos y a sus discusiones.
Un día tuve un sueño: estábamos toda la familia sentados a la mesa, comiendo, y mi tía abuela se desplomaba sobre el plato de sopa. No era capaz de levantarse, y nadie pareció darse cuenta, hasta que, inevitablemente, dejó de resistirse. Minutos después, cuando ya estábamos acabando la comida, mi tía abuela levantó la cabeza, con la cara amoratada y los ojos rojos, por la acumulación de la sangre. Levantó, como dije, la cabeza, y empezó a gritar con un sonido infrahumano, cavernoso al principio, agudo al final. Gritaba furiosa, y me desperté.
Alrededor de una semana más tarde, mi tía abuela se despertó con sed. Bebía, pero seguía con sed. Se levantó de la cama, se sentó en su silla para desayunar, y se desplomó sobre la mesa, muerta.
Yo había salido la noche anterior y seguía en la cama. Recuerdo que vino mi madre a despertarme para decirme que mi tía abuela había muerto. Mi hermana y yo bajamos a su habitación, y mi madre estaba limpiando, preparando sus cosas para donar o para tirar. Yo me guardé un par de joyeros estilo art nouveau que mi madre quería tirar, sus joyas para vender... y su habitación. ¿Qué chica de 17 años no querría una habitación completamente independiente? Compramos pintura, yo me saqué unos euros vendiendo sus joyas... y unos días después estaba ya instalada.
Los primeros días el mayor problema que tuve para dormir ahí fue la perrita, que consideraba que la habitación era suya y no mía.
Recuerdo que una noche tuve un sueño bastante raro: alguien me hablaba al oído, diciéndome algo en un idioma desconocido, pero que yo en sueños entendía perfectamente. Luego escuché un grito, aquel grito con el que había soñado semanas antes, y me desperté. En el momento de despertarme tenía claro el mensaje que me habían dado, pero según iba recuperando la consciencia se fue perdiendo su significado, hasta que quedaron sólo unos vocablos sin sentido que ya he olvidado. Fuera, en la galería, se escuchaba aullar nerviosamente a la perrita de mi tía abuela...


¿Vosotros tenéis alguna experiencia paranormal? ¿Os gustaría compartirla?

domingo, 11 de octubre de 2015

¡Bienvenido Octubre!


Hoy quiero dar la bienvenida a mi mes preferido del año... con casi dos semanas de retraso ^^U.
Y os escribo sobre todo para deciros que voy a seguir inactiva un par de días más, hasta que cumpla con las entregas que tengo para el día 15.
La buena noticia es que haré todo lo posible para empezar un especial... igual, si me veo fuerte, hasta hago un sorteo que culmine en Todos los santos (igual, eh?) para celebrar... no se, Samaín, Hallowe'en, el día de difuntos, o el haber alcanzado los 50, los 75 y casi los 100 suscriptores *0*.

Pero bueno, para no dejaros con las ganas, y como fueron unas entradas que tuvieron bastante buena acogida el año pasado, os dejo aquí el especial de Samaín que hice, donde entre otras cosas, se explica qué es el Samaín si te lo estabas preguntando :).





Ahora, me retiro a mi esquinita a volver a sepultarme bajo las montañas y montañas de papeles...