6 meses sin escribir. Nuevo récord. Pero eso no significa que estuviese vegetando por algún sitio sin hacer más... O bueno, más o menos eso es a lo que me he dedicado, por desgracia. Problemas de estudiar en un sitio a donde llegas antes en carro que en tren/bus (exagero, pero no demasiado. Menuda mierda de comunicaciones).
El tema es, aparte de quedarme semicalva del estrés, en mis ratos libres hice más o menos lo de siempre:
Videojuegos:
El juego al que dediqué más tiempo este año es Don't Starve, del que sorprendentemente no he hablado aún. Es un juego de supervivencia muy agradable de ver, en tonos sepia y con una música muy cuidada... y más allá de eso, es absurdamente complicado de jugar, sobre todo porque aparece un mago y te suelta ahí y te dice "¡eh, que ya es de noche!" (por cierto, ¿es un mago? no lo acabo de tener claro, pero siempre me referí a él como el mago). En este juego tienes que intentar eso, sobrevivir todo lo que puedas, en un entorno donde te puede matar fácilmente así, a grandes rasgos, todo. Otro punto simpático es que todo lo que te encuentres te puede servir de algo... Como los restos de barba después de afeitarte. Los personajes son bastante simpáticos, también. El conjunto del juego me huele a una ambientación centrada en finales del siglo XI y principios del XX, sobre todo por los perfiles de los personajes, lo sobrenatural, la aventura, la exploración... Pero ya hablaré de forma distendida de este juego, que ahora que pienso en él veo que tiene bastante donde rascar.
Series:
Las navidades pasadas me suscribí a Netflix, así que ya os podéis hacer una idea. Sobre Netflix decir que, aunque es una de las mejores opciones para el visionado de series y películas, y que no le voy a pedir que tenga todas las novedades ni que se salga de lo más comercial, tiene un problema enorme: navegar por su catálogo es una tortura. ¿Conocéis los 18 niveles de escarmiento del infierno chino? Pues desde que existe Netflix hay 19. En serio, apenas hay categorías, no puedes navegar libremente por etiquetas (¡con lo fácil que sería para descubrir cosas nuevas en calma!), puedes ver el perfil de algunos actores o directores, pero no encuentras en ningún sitio una lista de ellos... no se, creo que habría que pulirlo un poco, que eso de buscar por medio de prueba-error me parece lo menos amigable que existe.
Dentro de las series que estuve viendo, las que más me gustaron fueron The Magicians, Mr Norrell and Jonathan Strange, y Lucifer. Todas ellas, cómo no, sacadas de una obra anterior. ¿Es cosa mía o cada vez se arriesga menos en el apartado audiovisual?
Sobre las series:
The Magicians es como pervertir a Harry Potter y sus amigos y mandarlos a paseo por Narnia. No es una gran obra, pero sí que entretiene y engancha hasta el final. Me ha gustado sobre todo el punto de los brujos "renegados", si habéis visto la serie ya sabréis a qué me refiero. Hay mucho sexo, drogas y alcohol, muerte... y una censura muy simpática: no hacen más que decir fuck para todo, pero lo tienes que sobreentender, porque ellos dicen algo así como fff.
Sobre Mr Norrel etc., aunque trata también de magos, el tono es completamente distinto. Parece el típico drama histórico inglés con toques sobrenaturales. Lo mejor de la serie sin duda es eso: aleja la fantasía de la típica consideración de algo ligero e infantil. Series como esta demuestran que se pueden hacer buenas obras "a pesar de la fantasía", como dirían algunos. El libro de la serie ha entrado por méritos propios en mi lista de futuras adquisiciones.
Por último, Lucifer, basado en los cómics basados en el célebre (que no célibe) personaje de Neil Gaiman. Y sí, quería presentarlo así. He de reconocer que los cómics no los he leído, pero me tienen pintaza... algún día. Respecto a la serie, es la típica serie de policías en plan Castle (no se si existen precedentes de series de poli + ciudadano random, no estoy puesta en ficción policiaca) donde hay una pareja de protagonistas y todo apesta a chistes con dobles sentidos y tensión sexual. Quitando eso, es una serie muy entretenida de ver, y el personaje de Lucifer es adorable... Y bueno, quizás adorable no es la palabra, porque menudo morbazo de voz tiene el actor que lo interpreta, Tom Ellis (mirad, mirad...). Mirarla doblada es un pecado.
Aún así no todas las series que he mirado me han gustado, hubo también tres fracasos: El Ministerio del Tiempo, Hemlock Grove, Grimm, y la segunda temporada de Broadchurch. Hablaría sobre ellas, pero no se si me sentará bien tanta bilis... Bueno, a ver, la mayoría no son tan horribles, pero si que me hicieron pensar que mi tiempo valía más que para malgastarlo viéndolas.
Películas:
Nada reseñable.
Incursiones al exterior:
De vez en cuando, cuando se alinean los astros, ocurre un evento de tal importancia que me hace decidir aventurarme fuera de la puerta de casa. En lo que va de año hubo dos reseñables:
Boom Film and Comic: típica convención de cultura pop a la americana, con puestos para comprar pero también charlas de autores, artesanos o, en general, cualquier persona con algo interesante que contar. Vi a los actores de doblaje de Dragon Ball en gallego, asistí a varios debates interesantes (sobre la situación del terror en España, y sobre si existe una escena de comic en Galicia), aprendí un huevo sobre la joyería de ESDLA y su vinculación con otras piezas de museo históricas... Y descubrí un sitio bueno bonito y barato para desayunar. El mayor pero fue que no eligieron bien el sitio, y hubo unas cuantas charlas a las que no pude asistir por el dolor de cabeza que me levantaba el sonido del exterior (la acústica era tan mala que se amplificaba el ruido de toda la gente que estaba fuera en los puestos), o porque se escuchaba lo de la otra sala. Tampoco me gustó lo mal programadas que estaban las actividades, juntando en una misma hora todas las que tenían un tema en común, obligándome a elegir a cual ir... Pero bueno, están empezando, y esos errores son bastante comunes. No me arrepiento de haber comprado la entrada, y estoy deseando volver el año que viene a la tercera edición.
Mi segunda aventura por el mundo adelante fue la semana pasada, entre el jueves y el sábado, en Viveiro. Fui al Resurrection Fest... o bueno, más bien fui a ver a Iron Maiden y me quedé al Resurrection Fest, las cosas como son. Me encantó el ambiente, se me pusieron los dientes largos con mil cosas en los puestos, y disfruté de la música como hacía tiempo que no lo hacía: con sombrero de vaquero. No, ahora en serio, aparte del sombrero, llevaba tiempo sin ir a festivales, y realmente se echa de menos el tumbarte por algún sitio con los amigos y con música de fondo.
Lecturas:
Aparte de la CDU, que me leí en todos los sentidos posibles, apenas tuve tiempo ni ganas de coger un libro, y mucho menos de meterme de lleno en una historia que me podría quitar tiempo de más. La solución para esto en mi caso es leer antologías y libros de relatos cortos en general, puedo tumbarme a leer una historia sin miedo de que se me eche el tiempo encima. De los que he leído destaco Cacahuete, de Darío Vilas, libro que descubrí en Boom, y La noche que Frankenstein leyó el Quijote de Santiago Posteguillo. Ambos los reseñaré con más detalle.
Aparte de eso estos últimos días me he enfrascado en varios libros sobre el cuidado y educación de los perros, y sobre poder cocinarles una dieta...
Os presento a Ada, un día de estos os contaré su historia.
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miércoles, 13 de julio de 2016
jueves, 23 de junio de 2016
Ritual
Clic.
Me gusta la noche de San Juan. El olor a madera quemada en el aire, el salitre... Las pequeñas hogueras brillando en la noche como estrellas caídas... Sí, realmente me gusta la noche de San Juan. Quizás lo que menos me gusta es ese grupo de idiotas bebiendo, contaminando, gritando y destrozando la magia de la noche con su absurda música. Por eso, a pesar de que adoro esta noche, nunca la he podido disfrutar más allá de en el campo, sin compañía humana... pero muy acompañada.
Me gusta la noche de San Juan porque es mucho más fácil que otras noches establecer contacto con otros seres y otras vidas, vidas millones de veces más interesantes que estas orgullosas (y pestilentes) personas, grupo donde por desgracia me incluyo.
Este año, por fin, voy a poder disfrutar de San Juan. He encontrado la solución a todas mis discrepancias, y realmente me emociona asistir.
Todo empezó hace unas semanas, cuando mis amigos de siempre me preguntaron, más por costumbre que esperando una respuesta afirmativa, si iba a acompañarlos a la playa en San Juan. "¡Hay alcohol!" me dijeron ellos. "¡Hay hombres sin camiseta!" me dijeron ellas. Da igual el tiempo que haya pasado desde nuestro despertar en la pubertad: ellos siguen respondiendo a los instintos más primitivos. Realmente, estas personas me recuerdan demasiado a esos documentales de bonobos, donde no hacen más que follar entre ellos sin importar nada más. Luego los libros quieren que me crea que el ser humano es racional... ¡JÁ!
Al lío, que me lío; como decía mi abuela. El tema es que este año dije que sí a la invitación. Y volví a decir que sí cuando me dijeron que no entendieron mi respuesta. No puedo contar mucho más de esa tarde debido a la sordera que me provocaron con sus gritos celebrando mi respuesta. Aunque he de reconocer una cosa... me sorprendió ver que tengo en común con ellos más de lo que me imaginaba. Ellos se pasaron las siguientes semanas planeando la que sería "la noche más épica de nuestras vidas". Yo por otro lado también hice mis pequeños planes, considerando esta fecha, al igual que ellos, un punto de inflexión en mi vida.
He pasado estas últimas semanas estudiando unos libros que encontré hace un tiempo en una librería de segunda mano. No se quién los donó, pero realmente me gustaría conocerlo y estrecharle la mano. No me fío de cualquier cosa que encuentro en Internet, pero estos libros son bastante conocidos para quienes nos molestamos en saber algo de lo que nos rodea. Hay uno de historia, y otro de "contacto", ya me entendéis. Lo mejor es que en esos libros encontré la solución a esta vergonzosa vida normal. Gracias a ellos ascenderé un escalón en la pirámide del conocimiento, podré constatar todo aquello que hasta ahora tan solo intuí. Hay que tener cuidado, ambos libros avisan del poder que se puede desencadenar si se utilizan alegremente, por lo que he decidido tomar medidas de seguridad. He contactado con ÉL, y ha aceptado mi trato.
Tengo tantas, tantísimas ganas de que llegue esta noche...
Clic.
Esa noche, cuando la fiesta estaba en su punto álgido, un viento frío bajó la temperatura de la playa de golpe. Pero apenas nadie se dio cuenta, gracias al calor del alcohol. A pesar de ello, el mal presentimiento fue casi general. Algunos se retiraron, pero la mayoría se quedaron. Ella se emocionó: ya era la hora. Se levantó, sabía qué tenía que hacer. Escuchaba una suave música dentro de su cabeza, solo tenía que seguir el ritmo. Antes de que se diese cuenta la letra de la canción salió de su boca. Estaba en un idioma muy antiguo, casi olvidado, pero ella lo podía entender sin haberlo estudiado nunca.
Sus amigos reían y la grababan con el móvil, creyendo que por fin se había soltado un poco, y que ese ron disimulado en el refresco había hecho su efecto.
Ella ya había escuchado esa canción otras veces. Lleva semanas escuchándola sin parar en sus sueños. Aunque al dormir entendía el poema que narraba, la historia se iba de su cabeza en esos confusos segundos al despertar, dejándole una sensación de vacío y una melodía melancólica. Ahora por fin podía entenderla. Hablaba de soledad y de reencuentro, de la vida y de quien no puede morir. Era, sin duda, lo más triste que escuchó nunca. Y lloró, pero no dejó de cantar ni de bailar. Ahora realmente lo quería, ansiaba sobre todas las cosas reunirse con ÉL.
Mientas ella bailaba, una gran ola se acercaba a la playa, desplazándose de forma anormalmente lenta. Aunque algunos se dieron cuenta, sintieron curiosidad antes que miedo.
La ola llegó a la costa, explotando en espuma blanca que viajaba pausadamente a la orilla, dibujando bellas formas en el mar. La gente que hasta hace un momento estaba saltando las hogueras, ahora miraba el mar, y escuchaba la canción que ella cantada, acompañada por el romper de las olas. El agua fue inundando poco a poco la playa, arrastrando consigo a todos los que se encontraban en ella. Al final sólo quedó una persona.
ÉL la miró a los ojos, que no habían parado de llorar. Extendió un enorme brazo lleno de algas, lapas y caramujos hacia ella y la sujetó con dulzura. El mar se abrió para acogerlos, rey y reina, en el palacio de coral y plata iluminado por medusas. Allí les esperaba el gran festín de bodas, aquel que ella ofreció como dote.
El 24 de junio, al amanecer, un cassette llegó a la orilla...
jueves, 31 de diciembre de 2015
Masacre
31 de Diciembre de 2015.
Escribo este desesperado
grito con la esperanza de que esta crueldad se haga saber. Hemos sido
separados de nuestro pueblo y llevados muy lejos de nuestras casas;
hemos visto cómo abandonaban a su suerte a nuestros niños, enfermos
y ancianos; hemos sido hacinados en oscuros y húmedos cuartuchos; y
hemos sido humillados cuando nos trataron como simples objetos en
venta.
Mientras escribo estas
apresuradas líneas, veo morir a mis hermanos en alguna suerte de
ceremonia tribal. Observo cómo los engullen uno a uno, al son de los
tañidos de una fúnebre campana. ¡Ayudadnos por favor! ¡Libertad para el pueblo de las uvas!
¡Feliz 2016!
lunes, 19 de octubre de 2015
Frío
— ¿Sabéis qué es lo peor que se le puede hacer a una persona? Destrozarle el corazón. Alguien se abre ante ti, expone sus entrañas, y el otro simplemente clava un cuchillo, una, dos, mil veces, hasta que queda literalmente hecho papilla. ¿Sabéis qué fue lo que sentí en ese momento? Frío, mucho frío.
Un hombre salió precipitadamente del bar, no podía escuchar más. No le gustaban estas fechas, y si por él fuera estaría en la cama hasta el dos de noviembre. Una vez en el callejón, se metió un cigarro entre los labios y encendió el mechero. La llama se apagó antes de que pudiese encender nada, pero otra persona le ofreció fuego. Masculló un “gracias” y levantó la vista.
Y la vio: aquella mujer con la que convivió diez años atrás, con la que tuvo una relación intensa, y con la que acabó en una discusión.
— Te eché tanto de menos estos años... no dejé de pensar en ti, me hiciste tanto daño... — Dijo, mientras se agarraba sus costillas con las manos abriendo de par en par el pecho, dejando al aire un corazón desgarrado por las viejas heridas de un cuchillo.
viernes, 5 de junio de 2015
Cementerio
Voy a aprovechar este pequeño espacio para hablar del mayor cementerio nunca existente: Disfrutad su arte, sus esculturas y sus maravillosos grabados, ¡nunca podréis imitarlos!
A la derecha nada más atraviesas la puerta se encuentran las pinturas de colores, algunas rotas por la pasión de los artistas al recrear el mundo, otras tratadas con sumo mimo. Esas, si me lo permitís decir, son unas amargadas. ¡Sigamos! A la izquierda los juguetes: muñecos, puzzles... ayer llegó una partida sólo con el juguete de moda de las navidades pasadas... ¡Se me rompe el corazón!
A lo largo de los pasillos las manualidades, destrozadas por la edad y por unos pegamentos que no aguantan bien el tipo... ¡Menudas peleas se montan por saber de quién es qué!
Por último, todos los pasillos conducen al centro. Allí están los mausoleos: construcciones de arena, cabañas de madera, piedras apiladas o mis preferidas: las trincheras de salón, hechas con tres sillas y una sábana. El refugio perfecto para los rebeldes... En estos mausoleos descansa el mayor tesoro de la humanidad: aquel que te hace preguntarte por qué siempre tiene que ser la hierba verde o el mar azul. Por qué tiene que haber sólo un sol, o sólo una luna. En estos mausoleos se encuentra la imaginación infantil. Se cuenta que en la especie humana tienen un ritual, que se prolonga durante años, para arrancarla de cada persona, como un símbolo de la llegada a la madurez.
¿No es absurdo?
domingo, 3 de mayo de 2015
Andias
...
Noelia no está en su habitación. Los señores Gutierrez tardaron varios segundos en procesar que su hija no estuviese en casa y, casi más por trámite que por mera preocupación, llamaron a la policía para denunciar la desaparición de su hija. Transcurrido un tiempo prudencial, hicieron el funeral de rigor y siguieron con sus vidas, felices de no tener cargas.
No es difícil entenderlos: Noelia sólo les daba decepciones. Ella era la pequeña, por casi 2 minutos. Manuel, su gemelo, siempre fue lo contrario a ella: un niño abierto, espabilado, cariñoso, egocéntrico y egoísta: el típico niño destinado a ser el preferido de los padres. Noelia siempre vivió a su sombra, siempre era "la hermana de", o "la otra". Manuel era demasiado egoísta del cariño paterno, por lo que, al igual que dos árboles demasiado juntos, él se atiborró con todo y la dejó a ella suplicante y agonizante. En el colegio, Manuel siempre se ganaba a los profesores, lo que hacía que lo aprobasen hiciera lo que hiciera. Noelia, por el contrario, era de esas niñas de las que los profesores nunca recuerdan el nombre, nunca dejó huella en nadie, y nadie se interesó nunca por ella para nada bueno.
Todo eso hizo que Noelia viviese más en sus ensoñaciones que en la vida real. Era de esas niñas que adoraban el momento de ir a dormir, porque ahí podían abrirse al mundo. En su cabeza, en sus pensamientos, era feliz, sintiendo la aprobación de sus amigos imaginarios.
Noelia no tenía amigos en el colegio, pasaba los recreos escondida en el baño para que no le quitasen el bocadillo. Por desgracia, las niñas de su clase la encontraron, y tildándola de egoísta, le dieron una ducha no muy agradable. Su siguiente refugio fue la biblioteca. Como la bibliotecaria siempre estaba vigilando, las niñas no podían hacerle nada, y Noelia estaba al fin a salvo. Todos los días, en el momento en el que sonaba la campana para ir al recreo, ella corría más que nadie hasta refugiarse entre los libros. No es de extrañar que se acabase dando a la lectura, al principio más por curiosidad, y luego por avidez de historias. Descubrió que esos mundos que tenía en su cabeza tomaban forma en los libros, y aprendió a amarlos.
Noelia cada vez desarrollaba aficiones más solitarias: ver películas, leer libros, pintar, escribir... no salía de casa excepto cuando la obligaban. Sus padres no podían evitar hacer comparaciones, al contrario, basaban en ello todo su sistema educativo. Y ese día no fue una excepción. Pensaban que así Noelia podría parecerse más a Manuel, el hijo perfecto que, ironías de la vida, justo en ese momento estaba bebiendo su primer cubata en el parque.
Noelia tenía un universo entero en su cabeza. Todas las noches se adentraba en él, un mundo parecido al nuestro situado en un sistema de una galaxia cercana, oculto bajo un escudo que refleja
Andias estuvo tres días enviando el mensaje hasta que Noelia se percató. Al despertar, Noelia se acordaba complentamente del mensaje, y pasó todo el día pensando en cómo responderle. Obviamente era para ella: era su sueño. Decidió que, esa noche, iba a comprar un transmisor de radio para, en su misma frecuencia, responderle.
Poco a poco, los mensajes eran más largos. Se iban conociendo cada vez más, y un día se vieron en persona. Ya estaban enamorados, y en el momento en el que se vieron, lo único que hicieron fue abrazarse: cualquier palabra sobraba en ese momento.
Ese semestre Noelia suspendió todas las asignaturas, y en Febrero ya ni se presentó a las clases. Pasaba los días pensando en el momento de volver a dormir, para volver a encontrarse con Andias. A él no le parecía bien que ella no hiciese caso de sus responsabilidades, y tuvieron su primera discusión.
Noelia se pasaba todo el día encerrada en su habitación: sólo realizaba una comida al día en el momento en el que sus padres ya se habían acostado. Su hermano ya no vivía con ellos: estaba "estudiando" en Madrid.
Una tarde lluviosa de abril, Noelia salió de su habitación, atravesó el pasillo ante la asombrada mirada de sus padres y se fue. Volvió dos horas después, con una radio y un transmisor. Después de ello, y sin mediar palabra con nadie, se volvió a encerrar en su cuarto. Así comenzó su búsqueda de Andias en la vida real.
Pasaban los años. Manuel ya tenía trabajo e hijos. Noelia seguía encerrada en su cuarto, en pijama, buscando incansablemente su lugar. Se pasaba el día enviando aquel mensaje de sus sueños una y otra vez, en distintas frecuencias, esperando la respuesta correcta. Y todos los días, una y otra vez, como respuesta sólo recibía silencio.
Sus padres hacían ante sus vecinos como si no pasase nada: que tenía un negocio por Internet, que si le iba muy bien... No sabían qué sería de ellos en el momento en el que explotase la mentira. Intentaban hablar con Noelia, pero ella no respondía. Le gritaban, lloraban, o a veces suplicaban. Necesitaban que se buscase un objetivo en la vida.
Habían pasado ya 10 años. Noelia seguía intentándolo, sin esperanza, pero con miedo de que, si abandonaba, no tendría nada en la vida. Y de pronto, su radio captó una señal.
sábado, 28 de marzo de 2015
Nuestra Canción
Como todos los meses, hoy traigo el relato con el que participé en el taller de Literautas. El requisito era, simplemente, que apareciese una radio encendida. Espero que os guste.
— Cariño, tenemos que hablar. No, no pongas esa cara. Esa misma, esa que pones cada vez que digo esto. Esa cara de que tu nunca has roto un plato y yo soy una neurótica. Mira, empiezo a sentirme atrapada en esta relación. Apenas salimos, pasamos todo el día encerrados en la misma habitación, compartiendo cada segundo de nuestras 24 horas.
Amelia parecía realmente enfadada. Su coqueto maquillaje resaltaba la estricta línea de sus labios, y sus ojos fulguraban bajo la sombra de sus oscuras pestañas. Es una mujer actual, joven y orgullosa, y necesita hacerse valer ante su marido.
— Empieza a hartarme la situación. Entiendo que quieras hacer cosas juntos, es algo que tenemos que hacer al ser una pareja, pero... siento que no tengo intimidad— Suspiró—. Me siento vigilada todo el rato. Sé que no es así, pero sí que me siento condicionada en qué hago, qué dejo de hacer, qué miro y qué dejo de mirar. Preguntas, preguntas, y lo entiendo, es curiosidad, pero... joder. Basta ya. Estamos en un espacio demasiado pequeño. Sí, sí, sé que no es tu culpa. Que me quieres y que quieres estar conmigo. La solución es hacer cosas nuevas. Aún somos jóvenes, no tenemos por qué encerrarnos como viejos. Por eso te traje aquí. ¿Ves qué monada de decoración? es una tetería de inspiración rococó. Hablaron de ella ayer en la radio, le hicieron un reportaje, ¿sabes? ¡fíjate, si hasta ponen manteles! Aquí viene todo el pedigrí de la ciudad, créeme.
La cafetería era un espacio muy concurrido. A Amelia le costó divisar un sitio libre, y, a pesar de la poca movilidad que le daban la falda de tubo y los tacones, consiguió correr hacia la mesa y llegar antes que nadie.
— ¡Anda, mira! Ahí viene el camarero. A mí póngame un té negro con canela, por favor. ¿Tú qué quieres, cariño? ¿cómo un café, si estamos en una tetería? ¡eres de lo que no hay, siempre dejándome en ridículo! ¡Aiiins! garzón, póngale a este mendrugo un café con leche.
Mientras el camarero servía las bebidas, se hizo un silencio incómodo en la mesa. Amelia se masajeaba las sienes.
— No entiendo qué te pasa, de verdad. ¿Cómo puedes tener tan poca clase? ¡Aún encima me vienes con eso! No, no te rías, como pidas una cerveza te mato. ¡Cómo te gusta avergonzarme! Mi madre tenía razón, me merezco mucho más. ¡Ay, si hubiese pescado un hombre rico, y con clase!...
Amelia apoyó la cabeza sobre las manos, evitando mirar al frente. Tras unos minutos, rompió el silencio:
—¿Escuchas? ¡Es nuestra canción! ¿Te acuerdas de aquella noche, en el baile del pueblo? ¡Qué jóvenes éramos! Tú me sacaste a bailar, ¡Y qué buen mozo eras!... ¡Ay pero qué zalamero! — Amelia se ocultó tímidamente la cara entre las manos — ¿Que si quiero bailar? ¿Y qué pensarán el resto, viéndonos bailar con una canción de la radio? — Dijo mientras se levantaba con elegancia de la silla.
La señora Amelia se levantó de la silla. La falda, larga y negra, rozó suavemente el suelo, dejando ver con el movimiento unos tobillos hinchados y unas piernas con varices. Pero ella no lo notaba. La gente de la mesa de al lado la miraba mientras ella, orgullosa, sonreía con una cara maltratada por la edad y una barra de labios mal puesta. Se colocó en el centro de la sala, y sus pies se movieron siguiendo el vals.
En la mesa, el enfermero recogió una taza vacía y un café frío.
sábado, 28 de febrero de 2015
Luna Roja
En el relato que comparto con vosotros este mes, intenté una historia con formato blog, o sea, empezando por la resolución. Quizás no esté muy logrado, pero he disfrutado escribiendo una historia en la que la complicación es no contarlo todo al final... Espero que vosotros también la disfrutéis al leerla :)
Luna Roja
Miércoles, 8 de octubre de 2014
Esto es lo último que voy a escribir. Querría dar las gracias a todos esos lectores que estuvieron ahí, junto a mí, acompañándome en mi investigación a través de esta bitácora online, mostrándome vuestro cariño y apoyo. A vosotros, que tanto me habéis ayudado, no sólo a esclarecer este último tema, sino en mi día a día, muchas gracias, de corazón. Y por eso os dedico mis últimos minutos, contándoos cual ha sido mi decisión final (que ya deberéis intuir si habéis leído las entradas anteriores).
Sentí durante mucho tiempo que todo este tema de la Luna Roja me sobrepasaba. Siempre he sido una persona cobarde por naturaleza, pero por fin he conseguido superar mis miedos. Ayer, en una de mis ahora tan comunes noches de insomnio, he decidido que es hora de dejar de esconderse. Ya he abandonado a Gaia una vez, no puedo volver a fallarle. Tengo que volver y sacarla de todo esto. Voy a volver a colarme en el aquelarre, o romería como lo llaman ellos, en los soportales del Berbés. La verdad es que sigue pareciéndome increíble que el ayuntamiento, sabiendo todo esto, mire hacia otro lado.
No se dónde voy a estar cuando leáis ésto. Pero si lo leéis, tened por seguro que es porque me ha pasado algo. Este mensaje de despedida lo he programado para que se publique en tres días, así que no vais a poder hacer nada por mí. Bueno... miento. Sí que podéis hacer algo por mí. Difundid este blog, toda mi investigación, y que salga a la luz. Copiadlo en vuestros ordenadores, y posteadlo por toda la red. Os lo borrarán muchas veces, pero no será suficiente. Imprimidlo, colgadlo en las farolas y en las paredes públicas, dejadlo en los bares para que se lea, bibliotecas, hospitales... donde sea, pero dadle visibilidad. Tengo mis esperanzas puestas en vosotros.
Un enorme abrazo de despedida, y, como siempre os digo,
Los seres humanos no estamos preparados para conocer qué albergan los misterios del universo.
Martes, 9 de septiembre de 2014
Hace casi una semana, al anochecer, estaba esperando el autobús en la parada del ayuntamiento cuando me pareció ver a Gaia subiendo al Castro. Justo era la luna llena anterior a la Luna Roja.
Gaia me hizo prometerle el otro día que abandonaría la investigación, que era algo que me superaría... Y sé que tiene razón. Es peligroso, entiendo los riesgos, sobre todo después de lo que he visto hace casi seis meses. Pero si es peligroso, yo lo sé, y ella lo sabe... ¿Por qué se mete en la boca del lobo? ¿Por qué va a donde sabe que van a celebrar un aquelarre? Igual es por envidia. Ella, que sabe más que yo, pudo haber sentido celos de lo que he visto, y quiere verlo ella también.
Con esas ideas en la cabeza, subí detrás de ella. Una vez arriba, en medio del bosque, volví a sentir lo mismo que cinco meses antes. Todo a mi alrededor quedó en silencio. Veía el viento mover las ramas de los árboles, veía los coches pasar, pero según me acercaba a donde estaban ellos reunidos todo enmudecía. A pesar de que quería dar la vuelta seguí caminando, persiguiendo la sombra de lo que creía que era Gaia. Y de pronto, como hace cinco meses, el sonido estalló en mis oídos. Ya me había habituado al silencio absoluto, así que volver a oír me sobresaltó. Escuché tambores y voces entonando notas inimaginables perdiéndose entre el viento. Y me olvidé de Gaia. Seguí avanzando, con cuidado de no ser vista, y busqué una posición para ver el ritual.
Al principio no veía nada, era como una danza de sombras deformes. Pero según se fue adaptando mi vista a las condiciones del lugar, vi las siluetas tapadas completamente con túnicas negras, cuyos bailes, frenéticos y violentos, estaban marcados por el sonido de los tambores . No sé cuánto tiempo pasé observándolas, pero cuando me di cuenta la luna ya estaba en su punto más alto. Y esa luna... Cada vez que la veía más segura estaba de encontrarme en otro mundo. Era enorme, y brillante, una luna imposible en nuestro planeta. Discerní entre las danzantes sombras una túnica color rojo sangre entre el montón de túnicas negras, que abandonaron sus bailes y cantos al momento. Entonaba con una fina voz de soprano conjurando a los Dioses. Esta melodía sonaba distinta a la de cinco meses atrás, no solo por la voz, si no por que no me repugnó, al contrario, me pareció el sonido más hermoso que escuché nunca. La mujer (por la voz y las formas que se adivinaban a través de la túnica) llevaba una cesta, de la que sacó una paloma blanca y un cuervo, ambos con los ojos tapados. Cogió al cuervo, y siguió cantando mientras le arrancaba las alas y el pico. El cuervo soltaba un olor putrefacto que casi me hace desfallecer. Esa mezcla atracción-repulsión que sentí en ese momento me mantuvo atada al sitio en el que estaba, hipnotizada.
Un grito estridente por parte de la mujer de la túnica roja me sacó de mi estupor. Sostenía el cuervo en una mano, y un puñal de plata en la otra. Abrió al cuervo en canal, derramando su sangre sobre la paloma blanca, empapándola completamente. Ató la paloma a una estaca, y volvieron a retumbar los tambores. Ahora los bailes eran infrahumanos. Se contorsionaban de maneras imposibles, saltaban por los aires elevándose casi dos metros, e incluso creí ver a alguno de ellos volar. Sentí que estaba volviendo a vivir lo de hace cinco meses, y de golpe me acordé de Gaia, así que empecé a buscarla. No apareció por ningún sitio, y la luna estaba a punto de ponerse. No quería que me encontraran allí terminado el ritual, por lo que huí. Me autoconvencí de que ella ya no estaba, que había escapado antes y que quedarme allí era una temeridad, y corrí.
Llevo varios días con el remordimiento de no haber hecho más por ella. Es probable que la hayan capturado, y pude haberlo evitado. Pero como siempre, el miedo me lo impidió. Soy esa clase de persona que en el momento en el que tiene la posibilidad de hacer algo importante siente miedo y solo busca esconderse. Y ahora por mi culpa ella...
No sé que hacer, no sé dónde vive, ni tengo su número de teléfono. He ido a la policía, pero no me han tomado en serio. ¿Quién en su sano juicio creería que en pleno siglo XXI se puede secuestrar impunemente a una mujer joven de esa forma? Y más aún, ¿quién cree realmente en las meigas?
Espero estar preocupándome en vano, y que Gaia haya salido corriendo al igual que lo he hecho yo.
Un saludo, y, como es costumbre,
Los seres humanos no estamos preparados para conocer qué albergan los misterios del universo.
Viernes, 22 de agosto de 2014
Ayer llegué a la cita, en la cruz de los caídos, y Gaia estaba esperando. Me resultaba conocida, estaba segura de haberla visto antes. Es una mujer de unos veinte años, con el pelo lacio y negro hasta el final de la espalda. Iba vestida totalmente de negro, con una camiseta de manga larga y unos vaqueros. Su piel era tan blanca que el sol casi se reflejaba sobre ella. Yo, para variar, iba asustada, pero en cuanto la vi me tranquilicé. Nos presentamos, y empezamos a hablar. Por lo visto ella me vio ayer en la biblioteca Central, y como también está investigando el tema de la Luna Roja en Vigo, quiso conocerme. Es normal, a veces te gusta sentir que no estás sola cuando todo el mundo te toma por loca. Al poco tiempo ya hablábamos como buenas amigas.
Me contó que ella lleva más de dos años informándose sobre esas “sectas”, por llamarlo de algún modo. Todo tiene que ver con unos seres, conocidos como “dioses”, de un gran poder destructor y una mente poco desarrollada en su gran mayoría. En raras ocasiones se tropiezan con humanos, y cuando lo hacen, lo más probable es que estos últimos acaben muertos en el mejor de los casos. Existen ciertos grupos de personas que sirven de intermediarios entre los dioses y los seres humanos, con el poder suficiente para dominar a algunos o incluso pactar con otros. Estos intermediarios, sean brujos, hechiceros, chamanes o meigas, no solo ejercen de intermediarios entre nosotros y ellos, sino que también pueden controlarlos en su favor, pudiendo llegar a alcanzar un gran poder. Hay dioses con los que es imposible tratar, que se mueven puramente por impulsos, y con ellos la única solución es aplacar sus instintos por medio del poder de los intermediarios, que no dudan en sacrificar animales o incluso humanos si es necesario.
Gaia se mostró muy interesada cuando le conté lo que vi hace cuatro meses. Ella, que tan solo había leído registros antiguos y escuchado leyendas de las que se transmiten de boca en boca, no podía creer haber encontrado a alguien que realmente hubiese presenciado uno de sus rituales más importantes, o “romerías”, nombre en clave que les han dado entre ellos hace siglos para poder hablar más libremente del tema entre la gente del pueblo. Me dijo que lo que yo vi era la ceremonia para calmar al dios que duerme en lo más profundo del agua. Ese dios es una criatura violenta e irracional que despierta con cada Luna Roja, cuyo único impulso es arrasar todo lo que se encuentre a su paso, hasta que esta luna se ponga en el horizonte.
En ese momento le dije que me parecía increíble que no se supiese nada, a lo que ella me respondió: “¿Y quién te dice que no se sepa nada? Simplemente miran hacia otro lado, permitir la romerías puede ahorrar muchos problemas a una comunidad”.
Poco antes de despedirnos, me dijo que el nueve de septiembre será la luna llena anterior a la Luna Roja. Ese día las meigas van a realizar un ritual de preparación en El Castro, así que, aunque sienta curiosidad, es mejor que no me acerque. Y tiene razón, es algo que nos supera a las dos. Quizá es mejor dejar actuar a las meigas y mirar hacia otro lado, porque como siempre digo,
Los seres humanos no estamos preparados para conocer qué albergan los misterios del universo.
Jueves, 21 de agosto de 2014
Antes de nada, me gustaría daros las gracias a vosotros, que me leéis y me apoyáis. Me alegra saber que hay gente que me escucha, que no estoy sola. También he recibido alguna crítica, pero realmente superan las palabras de ánimo a las de odio, a las que por cierto, ya soy inmune. Es lo que pasa cuando desde pequeña es lo único que recibes por parte de quienes te rodean.
Siguiendo vuestros consejos, he decidido comenzar mi investigación en la biblioteca Central, pero por desgracia no he encontrado nada. He ido también a preguntar a la gente de la zona del Berbés, por si sabían algo, pero me trataban como si estuviese loca. Me he sentido bastante incómoda durante toda la tarde, he de decir. Notaba las miradas de todo el mundo sobre mí, y que la gente evitaba hablar conmigo. Aunque es probable que no sea nada, como suele decir mi psicólogo, y que todo lo que siento nace en mí. Es normal, después del “delirio” que todos aseguran que he sufrido. Mi madre dice que soy “una suerte de Quijote, dí en loca de tanto leer tonterías”.
Casi había llegado a creérmelo, hasta que vi vuestros mensajes de apoyo. Ahí me di cuenta, al leer que vosotros también habíais entrado en contacto con elementos fuera de la lógica humana de una forma u otra, de que no estoy sola, y de que sobre todo, no estoy loca. Simplemente yo he perdido la venda que el resto del mundo se preocupa de mantener sobre sus ojos.
Otro de los factores que me ha impulsado a tomarme en serio este tema es una carta que alguien coló por debajo de la puerta de mi casa. Eran apenas un par de líneas, citándome mañana en El Castro, en la Cruz de los Caídos, al crepúsculo. Decía ser de alguien con mis mismos intereses.
Me han llamado la atención el lugar y la hora. ¿No podría haberme citado en una cafetería a las cinco de la tarde? ¿Y cómo me habrá localizado? Da un poco de miedo este tema. Haré caso del consejo que me daba mi difunta abuela, y llevaré un pequeño alfiler en la camiseta... Por si se complican las cosas.
Mañana os cuento cómo sigue todo esto. Recordad que
Los seres humanos no estamos preparados para conocer qué albergan los misterios del universo.
Lunes, 16 de Junio de 2014
La gente me dice que estoy loca. Y no loca en plan adolescente, no, loca de psiquiátrico. Me mandan al “rebullón”, como se dice por aquí. Y yo no se que pensar. He pasado un mes entero en hospitales, completamente drogada, y el siguiente en terapia. Dicen que he sufrido un cuadro delirante-alucinatorio, pero que eso no tiene por qué significar nada, simplemente veces le pasa a la gente mentalmente sana. Mi psicólogo me animó a que abriese un blog para contarlo, pues me haría mirar lo que creí que me había sucedido desde otra perspectiva.
Para poneros en situación: soy una persona que siempre se ha sentido atraída por el mundo paranormal: revistas, programas de TV, libros... todo lo que tratase esa temática yo lo engullía.
Así que no es raro que quisiese dar un paseo bajo la luna llena el 14 de abril, la noche de la primera Luna Roja. Aunque no se pudiese observar demasiado bien, sentía que tenía poder, que me llamaba. Cuando estaba en el Berbés, donde los Soportales, noté algo extraño, aparte de que no hubiese una sola persona, o incluso una luz a mi alrededor. No sabía que era, pero me molestaba. Hasta que caí en la cuenta de que era el silencio. Era un silencio total: no se escuchaba el mar, ni mis pasos. Quise hablar para romperlo, pero ningún sonido salía de mi garganta. Tenía mucho miedo, pero seguí caminando.
Hasta que el sonido invadió de golpe mis oídos. Era un sonido de cantos y tambores. Ahogué un grito, ¿cómo no pude escucharlo antes?. Me acerqué despacio, tratando de no interrumpir. Bajo los soportales pude ver un grupo de gente vestidos con túnicas negras, semejantes a sombras, bailando de una forma tribal. Saltaban, se contorsionaban, o se arrojaban al suelo mientras sufrían fuertes espasmos. Y sobre sus gritos y sus cantos, una voz destacaba sobre el resto. Era una voz muy melodiosa, pero entonaba un cántico agresivo y desagradable. Quise correr, pero en vez de eso me acerqué más. Este canto repugnante salía de la garganta de una mujer vestida con una túnica con capucha, igual que la del resto, pero de color rojo oscuro. Siempre he oído decir que en muchas culturas el rojo oscuro se relaciona con la muerte en contraposición al rojo brillante, que representa la vida. La mujer llevaba un pequeño puñal con piedras blancas de brillo azulado engarzadas (las famosas piedras lunares), que levantó ceremoniosamente mientras seguía con el cántico. Yo estaba aterrada. No pude reconocer el idioma en el que cantaba, y ni siquiera creo que una persona sea capaz de emitir con su garganta muchos de esos sonidos. Me moví de mi sitio para poder ver sobre qué iba a utilizar ese puñal, y vi una mujer. Tenía el pelo lacio y negro hasta el final de la espalda. Estaba desnuda, atada de manos y pies, y tenía la piel tan blanca que la luna brillaba sobre ella. Era un brillo rojizo. Miré hacia la luna, y puedo jurar que nunca la había visto tan grande, ni tan roja. Es como si fuese otro mundo. La mujer de la túnica roja empezó a hacer incisiones en la piel de la joven desnuda, que no era capaz ni de gritar de dolor. Quise llamar a la policía, pero mi cuerpo no respondía. Estaba paralizada de terror. Pude ver en el cuerpo de la joven desnuda las marcas, y vi que no habían sido puestas de forma fortuita. Al contrario, tenían como una extraña correlación entre ellas, no sabría explicarlo. Era una mezcla de curvas y rectas entre las que se habían dibujado unos caracteres que nunca había visto. Igual estaban en el mismo idioma que el cántico de la maestra de ceremonias.
Noté los pies mojados, no me di cuenta de que había subido la marea, llegando al punto de inundar completamente el ensanche. Recuerdo haber pensado que cómo puede ser, si el ensanche estaba completamente inundado, que el agua apenas me llegase a los tobillos. Volví a pensar en que parecía estar en otro mundo, un mundo que no se rige por las mismas leyes lógicas que el nuestro.
Pararon todos los cánticos, y escuché un eco de algo que recordaba al canto de una ballena a lo lejos. Ese sonido parecía acercase. Y, de donde hace un rato estaba el ensanche, asomó la cabeza de un ser negro, viscoso deforme. Pude ver que era una criatura antropomórfica cuando extendió su brazo hacia la joven desnuda, un brazo que temblaba como si fuese de gelatina.
Y no recuerdo más. Lo siguiente son hospitales, camillas y pastillas, muchas pastillas.
Empiezo a dudar de lo que he visto. Pude haberlo imaginado, pero debió haber un detonante, algo que hizo saltar mi delirio...
O igual es completamente real.
Los seres humanos no estamos preparados para conocer qué albergan los misterios del universo.
sábado, 21 de febrero de 2015
¡2 años en Erethia!
Pero dejemos de hablar de mí, y hablemos de el blog. Nació por mi necesidad de... No, no. Nació en 2013, es un hijo de la crisis, un modo de evasión de la realidad, para acabar convirtiéndose en una suerte de blog personal, siempre bajo la premisa de ensalzar la cultura y las letras, el arte y el cine. Y eso fue lo que expresé en su primera entrada:
Lunes, 18 de Febrero de 2013
Lunes, 18 de Febrero de 2013
Hoy, como siempre, me he levantado a las 9. He desayunado, mirando las noticias. He ido al ordenador, a leer el periódico. He mirado ofertas de empleo, y yo, al igual que el resto de jóvenes orgullosos, les he dicho que no. Mis razones las puedo esquematizar en varios puntos:
- No quiero trabajar de camarera 12h por menos del sueldo mínimo.
- No quiero trabajar esclavizada en una empresa con un contrato en prácticas para que me larguen antes de contratarme.
- No quiero que me contraten "de prueba" como telefonista durante un mes para echarme el día 29 y darme cuenta que he trabajado gratis
- No quiero que me infravaloren sólo por mi juventud
- No quiero que rechacen mi currículum antes de conocerme simplemente por tener más de 20 años y menos de 5 años de experiencia, y todo esto para trabajar en una PUTA tienda de ropa.
Sé que hay crisis, y que tampoco se puede conseguir algo mejor, pero es un asunto que me desespera, y que me hace sentirme, cada día más una inútil.
Cuando miro las noticias, veo corrupción, veo muerte, veo desgracia... Cosa que no mejora al leer el periódico.
ESTOY HARTA DE ESTA REALIDAD
Hoy no aguanté más, y en un acto egoísta, decidí crearme un blog.
Mi intención es que el blog sea un lugar en el que pueda evadirme un poco del mundo, donde compartir mis pasiones y, de paso, entretener a más gente en mi situación.
Y por eso se llama Erethia. Erethia, mi tierra, más allá de los mares, quizás en otra dimensión. Erethia, sinónimo de magia, es el lugar por el que vagan almas como la mía, igual demasiado humanizadas para la humanidad.
Bienvenido, amigo, a lo que por ahora es una buena intención...
sábado, 31 de enero de 2015
Paraíso
Tercera y última parte de Paraíso. Si te has perdido las dos primeras partes:
Llegaron al poblado a la
hora de cenar. En el cielo brillaba una enorme luna llena, tan cerca
de la tierra que casi parecía caer sobre ella. La música y las
hogueras dieron a entender a los cuatro marineros que esa noche iba a
celebrarse un ritual importante.
Tras una copiosa cena,
una de las mujeres se levantó, y entonó con la garganta un sonido
monótono: una simple nota musical, que comenzó en un susurro, pero
que un minuto más tarde era ya un grito. La mujer no parecía que
fuese a quedarse sin aire, y siguió, durante lo que Salvador
consideró una eternidad. Empezaba a sentirse incómodo en la mesa,
el sonido le parecía irritante. La mujer bailaba girando sobre sí
misma, cada vez más rápido, mientras emitía ese sonido que en este
momento ya no sonaba humano. El sonido paró en seco en el momento en
el que la mujer se desplomó en el suelo. Nadie se molestó por ella,
y comenzó la fiesta con el rítmico sonido de los tambores. Unas
mujeres bailaban y saltaban las hogueras, y otras se acercaban a los
hombres de una forma en la que nunca se habían acercado antes. Por
fin, tras todo ese tiempo, se dejaron tocar por ellos. Provocaban, se
besaban, se acariciaban entre ellas. Pronto, la fiesta se convirtió
en una bacanal.
Esa noche, en medio del
mar, un barco rescataba a un hombre que se había aventurado,
valientemente, en un pequeño bote. El capitán del barco sintió
curiosidad por él:
— ¿Qué hace un hombre
subido sobre cuatro palos perdido en medio del mar?— Le preguntó.
Francisco le contó la
triste historia del naufragio, de cómo perdió a todos sus
compañeros, y cómo los últimos que lo acompañaban decidieron
quedar en una isla poblada por mujeres. Según iba contando su
historia se ensombrecía la mirada del viejo capitán.
— No son mujeres —
interrumpió — sino brujas. Se disfrazan bajo la apariencia de
jóvenes y hermosas mujeres, pero ni siquiera son humanas. Se dice,
entre la gente que navega estos mares, que son unas criaturas mitad
mujer mitad pez, aunque rara vez revelan su piel escamada ante los
humanos. Los atraen y los engatusan con sus cuerpos y su
hospitalidad, aunque lo único que buscan de ellos es su semilla. En
el momento en el que la consiguen, esos hombres ya son inútiles para
ellas, por lo que se deshacen de ellos con la misma facilidad con la
que los alimentaron anteriormente. Se cuenta también que los
sacrifican a su diosa, un monstruo que vive en las profundidades del
mar, a la que ellas llaman “madre”. Esta madre, que es la bruja
mayor, se encarga de provocar las tormentas sobre los barcos,
haciéndolos naufragar y atrayéndolos con las corrientes a la isla
con el fin de que sirvan a los vientres de sus hijas.
En la isla, los hombres
se entregaban a todas las mujeres. Cada vez que se sentían cansados,
ellas les ofrecían su ambrosía, una droga especial y vigorizante
que les permitía satisfacerlas. Bailaban tanto en vertical como en
horizontal, no había ningún tipo de pudor ni de coherencia en sus
actos: la droga había anulado toda la racionalidad humana de sus
mentes para dejar paso a sus instintos más básicos.
En el momento en el que
la luna se encontraba en su punto álgido, en el que más brillaba,
grande y blanca, su luz se reflejó en la piel desnuda de la mujer
que tenía sobre él. Ya no era una piel suave de porcelana sino
viscosa y escamosa. Su color dejó paso a un gris blanquecino, el
color de la muerte. Se revolvió asustado, y ella lo miró. En sus
ojoso había desaparecido el iris, viéndose únicamente sobre su
superficie una pupila alargada. Este ser le besó, pasando su lengua
por su pecho, mientras que Salvador intentaba revolverse y escapar.
Por los gritos de sus compañeros, supuso que estaban en su misma
situación. Se acordó de Francisco, de su ofrecimiento de esa
mañana, y se arrepintió de no haberse ni planteado el escapar con
él. El hechizo había finalizado, y Salvador pudo comprender las
dudas que había manifestado su amigo durante los días anteriores.
¿Cómo pudo haber sido tan idiota?
Los se silenciaron de
pronto. Su ritmo, que antes podía acompasar los movimientos coitales
de los hombres, ahora era frenético, rápido, expectante. Las
mujeres se apartaron de ellos y un ser, medio mujer medio serpiente,
con branquias y aletas, sin un solo pelo en la cabeza, y con los
mismos ojos inhumanos que había advertido Salvador antes en su
compañera, se acercaba lentamente, reptando entre los árboles.
Dentro del barco,
mientras el capitán despedía a Francisco de su camarote tras
contarle las leyendas locales, un sonido les hizo estremecerse.
El viento arrastraba el
eco de un grito lejano...
viernes, 30 de enero de 2015
Paraíso Segunda Parte
Hola :) disculpad que haya dividido el relato en varias partes, pero me ha quedado escesivamente largo como para publicarla a una en el blog. Mañana la tercera parte. Si no has leído la primera, puedes leerla aquí:
Tras llegar a la isla y
descansar, los tres hombres sanos decidieron que lo mejor sería
explorar la isla en busca de civilización, si la hubiese, o al menos
de alimento. Mientras decidían quién se quedaba junto con los
enfermos, una sombra se movió tras ellos, que se encontraban tan
absortos en su felicidad que no la advirtieron. Una segunda sombra se
posicionó a su derecha, y una tercera a su izquierda. Cada vez
llegaban más y más. Cuando las advirtieron, ya era tarde: un grupo
de mujeres desnudas, adornadas con aros de oro alrededor del cuello,
las muñecas y los tobillos, los miraban con curiosidad. Gentilmente
condujeron a la tripulación del Alianza a la aldea, donde les
agasajaron con alimentos. Una gran variedad de frutas y pescados
poblaban la mesa, así como aves asadas. Mientras ellos comían,
ellas los analizaban con la mirada. Esa noche, bajo una luna
creciente, disfrutaron por primera vez en mucho tiempo de la música,
bromeando y hablando entre ellos como si el día anterior fuese un
recuerdo ya lejano. Las mujeres disfrutaban de ellos, con una mezcla
entre curiosidad y pícara vergüenza, como si nunca hubiesen tenido
contacto con ninguno de ellos. Una de ellas sonrió a Salvador en la
distancia. Era sin duda la mujer más hermosa de la tribu: con unos
largos rizos oscuros, una piel dorada y unos enormes ojos
centelleantes. A Salvador le recordó a las mujeres de su tierra.
Los días pasaban, y los
hombres recuperaban las fuerzas de una forma casi milagrosa. Vivían
en el paraíso, rodeados de bellas mujeres y sin necesidad de
trabajar más allá de participar en los juegos populares, en los que
tomaban siempre las posiciones de honor. Tan sólo una pequeña
sombra ennegrecía la idílica perspectiva de permanecer en esa
aldea: “¿Cómo es que sólo hay mujeres jóvenes?” Repetía
Francisco cada vez que alguien se dignaba a escucharle. Tras
recuperarse de la enfermedad se levantaba con el sol, tomaba rumbo
hacia el horizonte, y no volvía hasta que todos estaban ya
durmiendo.
Ese día, Francisco
reunió al resto de hombres en la playa, pidiéndoles insistentemente
que apareciesen solos. Una vez juntos, caminó hacia el oeste, donde
se alzaba un acantilado de rocas afiladas. Llegados allí, se dio la
vuelta y dijo:
— Os voy a mostrar lo
que me ha tenido ocupado estos días. — Se dirigió a una gran
roca, de la que asomó la proa de una rudimentaria barca.
Los otros cuatro lo
miraron, sorprendidos. Por fin, Juan rompió el silencio:
— ¿De verdad piensas
volver a tu casa en... eso? ¿Por qué no permaneces aquí y
disfrutas del paraíso que se nos ha otorgado?
— No considero que sea
un paraíso — Argumentó Francisco —. Al contrario, nadie regala
tanta amabilidad. ¿Os habéis fijado que esas mujeres nunca
trabajan? ¿Dónde consiguen la comida? ¿Dónde tienen a sus
ancianos, sus niños, a sus hombres?.
— Kaia me dijo que sus
hombres se encuentran en otra isla no muy lejos de aquí.— Dijo
Salvador.
— Más a mi favor, ¿por
qué nos mantienen con ellas? ¿Qué planes tienen para nosotros?
Quedaos si queréis, yo me niego a descubrirlo. He reunido
provisiones para algunos meses, con un poco de suerte encontramos
algún barco que nos recoja, o algo más parecido a la civilización.
Si alguien quiere acompañarme, es bienvenido. Si no, os pediría en
favor al tiempo que hemos pasado juntos y la amistad que nos une, que
me ayudéis a desplazar la nave hasta el mar.
Una hora después el
barco de Francisco estaba dispuesto a partir en la dirección en la
que sale el sol. Miró y abrazó a sus amigos, y les pidió un último
favor: que no dijesen nada de su marcha hasta el amanecer del día
siguiente.
Juan, Alberto y Salvador
permanecieron sentados en la orilla del mar hasta que desapareció la
nave de Francisco, casi al anochecer.
Llegaron al poblado a la
hora de cenar. En el cielo brillaba una enorme luna llena, tan cerca
de la tierra que casi parecía caer sobre ella.
jueves, 29 de enero de 2015
Paraíso
Cuando Salvador divisó
la costa se sintió la persona más afortunada del mundo.
– ¡Gaviotas! –
Exclamó, bajando de lo que quedaba del mástil al que se había
encaramado sin ya ninguna esperanza. Abrazó a sus compañeros:
estaban salvados.
No pensaron que fuesen a sobrevivir a aquella semana. Semanas atrás, una fatal noche de luna llena, el cielo se nubló de tal forma que parecía brujería. En cuestión de minutos un mar tranquilo se tornó en una trampa mortal: olas casi kilométricas, vientos aullantes y lluvia que caía con la fuerza de mil cuchillos los sorprendieron con la guardia baja, por lo que el desastre fue inminente. La tormenta fue la más
fiera que había visto el capitán, y no es que su capitán pecase de
exagerado; así que esa afirmación los hizo ponerse alerta. El barco
volaba sobre las olas, parecía que no iba a resistir. A pesar de su
robustez, la bravura del mar era tal que hasta se habrían sentido
más seguros en un barco de papel... Y cayó un rallo. El cielo se
iluminó sublimemente y un rallo se abalanzó sobre el mástil,
partiéndolo en dos. El mástil se movió en el aire desplomándose
sobre el barco, abriendo un boquete en la cubierta. El agua caía a
raudales, las olas la inundaban... era cuestión de tiempo que la
bodega se anegase y se fuese todo a pique. Un valeroso hombre, el
contramaestre, consciente del riesgo, exhaló su último aliento en
su reparación. El capitán consiguió volver, con las manos
sangrando y las muñecas hinchadas, temblando de frío. Murió unos
días después de hipotermia, no se pudo hacer nada. Cuando terminó
la tormenta toda la tripulación hizo inventario de daños,
comprobando con desesperación que las velas habían perdido su
combate contra el viento, perdiéndose en el mar unas, y rasgándose
en mil jirones el resto. Su única esperanza era navegar a la deriva,
rezando por la salvación.
De esta manera la
tripulación del Alianza se dispuso a pasar los siguientes meses. Se
racionaron la comida y el agua. Por suerte o por desgracia, muchos
murieron durante las primeras semanas, por enfermedad unos, acabando
así con su sufrimiento y, al menos, con el estómago lleno; y por
motines otros, durante el tiempo en el que los marineros tenían el
suficiente fuego en sus almas como para alzarse en contra de nadie.
Estos últimos al menos murieron rápido, ahorrándose la espera a un
destino cada día más negro.
Algunos hombres
intentaron crear un ambiente de falso optimismo, cosa que tampoco
duró más allá de los dos primeros meses. Con el paso de las
semanas, cada vez las raciones eran más estrictas, por lo que al
cuarto mes la tripulación era apenas un tercio de los que fueron al
zarpar del puerto.
El día que se salvó la
tripulación del Alianza se contaban apenas cinco personas, dos de ellas enfermas de
escorbuto. Ya no tenían más agua que la de la lluvia, y la comida
consistía en aquello que podían pescar.
Salvador iba todos los
días a sentarse al mástil, buscando una ínfima esperanza, que, por
pequeña que fuese, les permitiese escapar del fatal destino que se
cernía sobre ellos. Así pasaba todos los días, sentado en soledad,
meditando para no pensar en sus desgracias.
Aquella mañana le
pareció ver una sombra sobre el mar, y cuando levantó la vista la
vio: una gaviota (señal inequívoca de que la tierra está cerca)
volando hacia el norte. Y luego otra un poco más a su izquierda, y
otra más... Las escuchó embelesado, para él eran casi coros
celestiales. Dios los había salvado, al igual que salvó a Noé.
Una hora después
pudieron divisar la isla. Por suerte el barco pasaba lo
suficientemente cerca como para ir a nado. En unas horas estarían
salvados. Aprovecharon ese tiempo para crear una pequeña plataforma
en la que transportar a los enfermos.
lunes, 29 de abril de 2013
La muerte del rey
Aquí os dejo un relato corto escrito para un taller de literatura en literautas. El ejercicio consistía en escribir un relato de hasta 750 palabras basado en un cuadro de Hopper: Noctámbulos. Ya me contareis qué os parece:
jueves, 21 de marzo de 2013
Abres los ojos
Abres los ojos,
oscuridad. Intentas respirar, pero el oxígeno se ha vuelto piedra,
rasgándote la garganta mientras baja a tus pulmones. Tus piernas no
te responden, no eres capaz de pensar con claridad. Estiras los
brazos buscando una pequeña esperanza, ¿Y qué encuentras?
-Hola, ¿Me buscabas? Soy
la rechazada, la marginada, nadie me quiere consigo. Soy la Nada, y
seré tu fiel compañera a partir de ahora.
Intentas gritar, y de tu
garganta sólo sale un nombre... Su nombre: Libertad.
¡Pobre Libertad,
arrancada de tus brazos por aquellos que ansiaban el don que portaba!
¡Su hija! ¡Vuestra hija! ¡Felicidad!
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